jueves, 17 de marzo de 2011

María Teresa Andruetto. Poemas y alimentos



María Teresa Andruetto (Córdoba, Arroyo Cabral, 26/1/1954 - ¿?)

Datos obtenidos
Poetisa que se crió en Oliva, en el corazón de la Córdoba cerealera, un pueblo marcado por la existencia de un asilo de enfermos mentales que, en tiempos de su infancia, era considerado el más grande de Sudamérica.
En los años setenta  estudió Letras en la Universidad Nacional de Córdoba. Después de una breve estancia en la Patagonia y de años de exilio interno, al finalizar la dictadura trabajó en un  centro especializado en lectura y literatura destinada a niños y jóvenes. Formó parte de numerosos planes de lectura de su país, municipales, provinciales y nacionales, así como de equipos de capacitación a docentes en lectura y escritura creativa, acompañó procesos de escritura con niños, adolescentes, jóvenes en riesgo social y adultos en programas oficiales e instituciones privadas, dentro y fuera de la institución escolar, y ejerció la docencia en los niveles medio y terciario. Coordinó ateneos de discusión y colecciones de libros para niños y jóvenes.
En 1992 su novela Tama obtuvo  el Premio Municipal Luis de Tejeda y a partir de esa circunstancia comenzó a publicar la escritura que tenía  acumulada. Publicó las novelas Tama (Alción 2003), Stefano (Sudamericana, 1998), Veladuras (Norma, 2005), La Mujer en Cuestión (DeBolsillo 2009) y Lengua Madre (Mondadori,2010), el libro de cuentos Todo Movimiento es Cacería ( Alción, 2002), los libros de poemas Palabras al rescoldo ( Argos, 1993), Pavese y otros poemas (Argos, 1998), Kodak (Argos, 2001), Beatriz ( Argos, 2005), Pavese/Kodak (Ediciones del dock, 2008), Sueño Americano (Caballo negro editora, 2009) y Tendedero (CILC, 2009), la obra de teatro Enero (Ferreyra editor, 2005) y numerosos libros para niños y jóvenes, entre otros  El anillo encantado (Sudamericana, 1993), Huellas en la arena (Sudamericana,1998), La mujer vampiro (Sudamericana, 2000), Benjamino (Sudamericana, 2003), Trenes (Alfaguara, 2007), El país de Juan (Anaya, 2003/Aique 2010), Campeón (Calibroscopio, 2009), El árbol de lilas (Comunicarte, 2006), Agua cero (Comunicarte, 2007) y El incendio (El Eclipse, 2008). Reunió su experiencia  en talleres de escritura en dos libros realizados en colaboración, La escritura en el taller (Anaya, 2008) y El taller de escritura en la escuela (Comunicarte, 2010) y sus reflexiones  en Hacia una literatura sin adjetivos (Comunicarte, 2009). Su obra está siendo traducida a varias lenguas. Obtuvo entre otras distinciones, Premio Novela  del Fondo Nacional de las Artes, Lista de Honor de IBBY,  Finalista Premio Clarín de Novela y Premio Iberoamericano a la Trayectoria  en Literatura Infantil y Juvenil SM. Seleccionada y antologada en publicaciones nacionales y extranjeras, por numerosos equipos  y jurados, su obra ha servido de base para la creación de otros artistas, y se han realizado a partir de ella  libros objeto, cortometrajes, espectáculos poético- musicales, coreografías, espectáculos de narración oral escénica, adaptaciones teatrales y otros. Narran sus cuentos  narradores orales de España y Latinoamérica y sus libros son materia de estudio en universidades argentinas, americanas y europeas. Tiene dos hijas y vive con su marido en un paraje de las sierras cordobesas.

Parte de sus poemas



Arroz con alcachofas

El aceite borbotea en la sartén. Allí he echado dos alcachofas acuchilladas.
He convertido a esas flores antiguas en corazones abiertos, en carne
viva. Me he dedicado después a esperar que largaran la sangre
o el sudor, según se mire. Luego he reducido una cebolla grande y llena de
luz, a polvo, a jugo, a numen. Y otra vez he llorado. Pero tan poca cosa
no me amedrenta. Me zambullo, con el jugo y las lágrimas, en el aceite
hirviente y cuando todo se impregna, paso una lluvia de arroz de la caja a mi
mano y de mi mano a la sartén en donde bullen los zumos del dolor y de la
dicha. Ya puedo esperar que los granos se hinchen. Sé que soportarán
(igual que yo) una hinchazón tres veces superior a su tamaño. Sólo hará
falta agregar agua o caldo, un baño que les permita transitar por el infierno
de la hornalla.


Natilla perfumada

Mejor que la leche pase tibia, por obra de tus manos, desde la vaca al
cuenco asentado en tu vientre. Si es así, sólo bastará espesarla a fuerza de
harina o de fécula, mareando la blancura con una vara de madera. No
olvides perfumarla con naranja seca, con limón, con ramas de canela. Y
volverás a ser niño cuando la comas bajo la luna llena.
de Palabras al rescoldo. Ediciones Argos, Córdoba, 1993/segunda edición 1999.



Del latin recordis

El nos leía a Pascoli en la luz
de la mañana y hablaba de las tardes
aquellas del otoño, los perros oliendo
entre las setas, cuando iba con su padre
a buscar trufas. Ella sabía de memoria
la vida de él. El nombraba la guerra,
los años escapando, el abrazo
de Paolo y Etiopía. Ella escondía
bajo el plato las cartas que llegaban,
y les sabía los nombres a los primos
lejanos. A veces en las tardes
recientes del otoño, ella recuerda
a Pascoli y a un pueblo que no ha visto:
hay un niño con su padre y unos perros,
y hay un hombre que se larga por los techos,
y un amigo, y es otoño,
y es la guerra.


Peras

Había una rosca cubierta
de azúcar, una mesa con el hule
verde y una frutera de vidrio
(por la loneta de las cortinas, el sol
sacaba tornasolados color de ajenjo),
y había peras. Recuerdo los cabos rotos
y el punto negro que, en una de ellas,
hace el gusano. Sé que las dos teníamos
el pelo corto y unos vestidos
almidonados.
Después algo (quizás el viento)
sonó allá afuera y mi madre dijo
que acababan de pasar
Los Reyes.


Casa con palmeras 

Junto a la casa vieja
con cenefas, hay dos palmeras
(y un senderito de piedras negras)
Bajo las plantas y los racimos
de flores blancas, dos niñas juegan
                               (al gallo ciego)
Después la madre
ofrece flores de calabaza,
                semillas secas,
y las dos niñas
se van por el senderito
sin dejar huella.


Visita

Hoy vino mi madre a visitarme
y caminamos las dos por estas calles.
Hablamos de mi hermano,
de los hijos, de las chicas del Sur,
de mi cuñado. Otra vez yo critiqué
al gobierno y ella dijo otra vez
“¡Es un país tan grande!”. No quiere
que me queje: “¡Este país generoso
recibió a tu padre!” y rodamos las dos
hacia una zona de tristeza, en silencio,
hasta que se detiene y dice: “Ayer
hice dulce de duraznos” y yo digo
que hablaron de mi libro
en el diario.




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Les recomiendo consultar estos excelentes blogs y páginas Web (Me he nutrido de ellos cubriendo mi ignorancia, humildemente gracias!!)



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